"Canto
a sus manos suaves de lejía
los lunes y los martes,
los miércoles y jueves picadas por la
aguja,
quemadas cada viernes por la plancha,
ungidas por el ajo y la cebolla.
(El sábado es un día extraordinario:
limpieza de cocina, compra doble,
y hacia las seis, barniz sobre las uñas
para salir a un cine baratito
del brazo del esposo.)"
Angela
Figuera Aymerich.
LA
JORNADA LABORAL DE UNA MUJER
PUEDE SER INACABABLE
Casi en todas partes, el grueso de la
responsabilidad del llamado "trabajo
doméstico" -las tareas cotidianas
de cocinar, hacer la limpieza y atender a
las criaturas y otras personas
dependientes- sigue recayendo sobre las
mujeres. Además, éstas también pueden
ser responsables de la producción de
alimentos y otros productos destinados a
satisfacer las necesidades de su familia.
En general, estas responsabilidades
continúan asignándose a las mujeres aun
después de su incorporación al mundo
público del trabajo asalariado.
Gran parte de este trabajo ha sido
tradicionalmente invisible. Se ha
considerado "natural" y, por
tanto, "bueno" para las mujeres
y se ha dado por sentado que no era
necesario investigarlo ni regularlo. Sin
embargo, estos supuestos comienzan a
estar en entredicho desde que las propias
mujeres han empezado a desvelar la
realidad de sus vidas cotidianas y a
rebelarse contra ésta. En los países
desarrollados, la atención se ha
concentrado principalmente en las
repercusiones del "trabajo
doméstico" para la salud mental de
las mujeres, dada la incidencia
desproporcionada de la depresión entre
ellas. En las regiones más pobres del
mundo, los estragos físicos del trabajo
doméstico han adquirido creciente
visibilidad con el progresivo incremento
de la carga de trabajo de las mujeres
debido a las perturbaciones sociales, la
recesión económica y el deterioro
ecológico. En consecuencia, cada vez es
más evidente que las responsabilidades
familiares pueden menoscabar el bienestar
de las mu!
jeres en diversos aspectos.
Las mujeres asumen deberes y
responsabilidades a cambio del estatus
social de esposas, de la maternidad, de
protección y posiblemente de apoyo
financiero. Denis Kandiyoti, una
antropóloga turca, ha descrito el
resultado de estas negociaciones como el
"pacto patriarcal". Las
condiciones que pueden conseguir las
mujeres en este "pacto
patriarcal" dependerán, obviamente,
de sus circunstancias sociales y
económicas, así como del contexto
cultural de su vida familiar. Sin
embargo, estudios realizados en todas las
regiones del mundo indican que para
demasiadas mujeres los términos de este
pacto puede resultar perjudiciales para
su propia salud.
Las características más importantes del
trabajo doméstico en todo el mundo son
su horario ilimitado y su enorme volumen.
La jornada laboral de una mujer puede ser
inacabable y muchas tienen dificultades
para separar las horas de trabajo de las
dedicadas al reposo o al
"ocio". De hecho, las mujeres
con criaturas pequeñas pueden no estar
nunca realmente "libres de
servicio", pues su jornada laboral
abarca incluso las horas que los demás
duermen.
Las tareas domésticas de muchas mujeres
son sumamente pesadas, sobre todo en los
países del Tercer Mundo. El trabajo
físicamente extenuante y las largas
horas que ocupa dejan a muchas mujeres
desnutridas y expuestas a una muerte
prematura.
Además de ser agotador, el trabajo
doméstico también puede exponer a las
mujeres a riesgos más inmediatos para su
salud física. Los accidentes domésticos
son relativamente frecuentes, sobre todo
para las mujeres de más edad. En la
mayoría de los países en desarrollo
alrededor de la mitad de los accidentes
sufridos por las mujeres se producen en
el hogar, frente a sólo un 21% de los
que sufren los hombres. Las condiciones
de la vivienda también tienen una
influencia significativa para la salud de
las mujeres, tanto directa como
indirectamente, a través de sus
repercusiones para su trabajo doméstico.
La limpieza de una vivienda húmeda e
inadecuada exige más trabajo y la
humedad misma aparece asociada a una
incidencia más elevada del asma, las
afecciones respiratorias y los problemas
pulmonares.
El cuidado de una casa y de sus moradores
puede poner en contacto a las mujeres con
una serie de productos químicos
tóxicos, pero comienza a sospecharse
cada vez más que, como consecuencia de
su trabajo doméstico, las mujeres pueden
estas expuestas a riesgos derivados de
los productos químicos peligrosos que
afectan a su pareja en el lugar del
trabajo. El lugar de trabajo doméstico
no está necesariamente libre de los
riesgos propios del trabajo en las
fábricas. Las sustancias tóxicas no se
vuelven seguras por el mero hecho de
traspasar lasa puertas del hogar.
Sin embargo, no sólo la salud física de
la mujer puede verse amenazada. En el
mundo desarrollado comienza a
manifestarse un creciente interés por
los riesgos psicológicos del trabajo
doméstico. Varios estudios han señalado
una particular propensión a la ansiedad
y la depresión entre las "amas de
casa" a plena dedicación, sobre
todo cuando tienen criaturas pequeñas a
su cuidado. Las explicaciones propuestas
destacan las características
intrínsecas del trabajo doméstico, su
baja consideración social y las
condiciones en que se realiza. El
aislamiento y la exclusión del ámbito
público se han identificado como
factores particularmente relevantes.
El hogar puede ser un lugar "sin
corazón" no sólo para las mujeres
de los países desarrollados. Los
resultados de las investigaciones revelan
que el respaldo social es un elemento
esencial para la promoción y
mantenimiento de la salud física y
mental Las mujeres desempeñan un papel
central como fuentes de apoyo para las
personas próximas, pero ellas mismas a
menudo no lo reciben de nadie. Y como
dijo el poeta:
"A ti te está
pareciendo
que todo lo estás ganando ,
y todo lo estás perdiendo".
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