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Boletín informativo Electrónico de la Subbética

 
 



 
 


Haz bien y no mires a quién

por Ana Carvajal Becerra



(01/03/00)

 
 
Señor director:

La lucha contra la discriminación empieza en la familia. Así, hace unos días un alumno de la Enseñanza Secundaria Obligatoria (ESO) con graves problemas de aprendizaje, de bajo coeficiente intelectual, insultaba a una profesora llamándole no sé cómo, a otro profesor lo llamaba de otra manera, aunque habrá que ver qué es lo que el pobre entienda por esos conceptos.

Pero no ofende quien quiere sino quien puede y por eso tan sólo revela las graves carencias de un tipo de alumno. Ni a este alumno ni a otros se les discrimina pese a su inadaptación y otros serios problemas. Con ciencia y paciencia se trabaja en las escuelas con ellos, para que superen sus deficiencias. Nadie los califica de torpes, pues seguro que tienen determinadas destrezas. Pero tal vez ellos tan sólo sean los portavoces de
lo que se vive en sus casas. Si en sus casas los padres no tienen respeto hacia los demás en sus comentarios, el retoño, con escasas luces, tampoco respetará a los que él ve que sus padres no respetan. Pero la torpeza de no
respetar a los compañeros, a los profesores y a las reglas de la convivencia se paga. Nos tratan según tratamos y si no respetamos no nos respetan, si discriminamos nos terminan por discriminar. Y, además, nadie está exento de sufrir discriminaciones, nadie es invulnerable. Ya no sólo por sexo, raza o religión, sino también se dan multitud de discriminaciones en función de aspecto físico, ideas, clase social, estatura, peso, forma de la cara, poder económico, calvicie, manco, invalidez, inteligencia, manera de vestir, etc.

«Haz bien y no mires a quién», dice un viejo refrán, y en esto hay que educar a los hijos, a los alumnos. Educarnos unos otros. Que además la inteligencia está en la capacidad de adaptación; poca adaptación, pocos sesos demuestran tener los que están alejados del respeto hacia las otras personas.
 
     
     
 
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