Rafael Porlán se enroló en la literatura de vanguardia, su obra, tanto en prosa como en verso, manifiesta una clara
adscripción al surrealismo, a un surrealismo genuinamente del sur. Su trayectoria literaria ha quedado vinculada a la
Generación del 27, y dentro de ella, al grupo sevillano de la revista Mediodía. "Porlán, nos decía Gerardo Diego- con
su voz de otro mundo, nos sigue hablando desde el recuerdo y la imagen, nos sigue comunicando al oído su secreto
cada día más puro y transparente (...) Porlán es el poeta capaz de milagros como el de esta definición irrefutable,
condensación suprema de poesía: La fuente es, al fin, la pura / consagración del sonido".
Rafael Porlán y Merlo nace en Córdoba el 9 de abril de 1899. Hijo de clase media, recibe una buena educación en la
Escuela Superior Francesa. Con poco más de doce años llega a Sevilla. Su etapa sevillana significó un hito
fundamental en su vida, y no únicamente en lo literario, ya que en la ciudad hispalense recibió impresiones
imborrables de otra índole, pero nunca perdió su condición de cordobés. Porlán nos contaba que "en los barrios
cordobeses sigue vivo un ensueño de cal", que ya no quedaba en otro paraje andaluz, y, que le haría exclamar: "Ya no
queda más que Córdoba".
A los diecinueve años entra a trabajar en el Banco de España. A esa edad, también inicia sus colaboraciones
periodísticas, publica algunos cuentos en La Semana Gráfica, Página y más tarde Lys, revista fundada por idea suya y
de la que sólo salieron seis números a la calle. Poco después aparecen sus primeras novelas: Bess Rivero, El manto
escarlata y La primera de San Julián.
Pronto seguirá la inspiración de Ramón Gómez de la Serna, que se proyecta sobre los aforismos de Pirrón de Tarfía,
libro publicado en 1923, que puede ser considerado como un retrato del propio Porlán. "No hay más remedio que
trabajar sobre formas no conocidas todavía", escribe el poeta cordobés. Antes que el poema propiamente dicho,
cultivó la prosa poética de creación surrealista, lo mismo que por parecidas fechas hicieron otros poetas andaluces,
como José María Hinojosa o como el propio Vicente Aleixandre. En la década de los treinta ven la luz Primera y
segunda parte de Olive Bardem, Mundo blanco y negro y La isla alegre. Ernestina de Champourcín hizo el siguiente
comentario sobre Mundo blanco y negro: "Tu Mundo blanco y negro me ha producido la misma grata impresión que
tus anteriores prosas. Veo que la ironía sigue siendo tu postura favorita, postura al fin y al cabo no exenta de
romanticismo".
En enero de 1933 Rafael Porlán asciende por oposición a secretario del Banco de España y tiene que trasladarse a
Talavera de la Reina, donde escribe uno de los más importantes ensayos sobre la región natal: La Andalucía de
Valera. Al año siguiente cruza de nuevo Despeñaperros para ocupar el cargo en Jaén. Importante fue su estancia en
esta última ciudad, donde murió y realizó sus últimos trabajos literarios, y fue asimismo en ella donde publicó su
primer libro de poesía. El poeta Diego Sánchez del Real nos contó que Rafael Porlán vivió en Jaén "haciendo poetas",
organizando tertulias y sembrando admiración entre la juventud que va a lamentar su pronta muerte.
El más ordenado conjunto de poemas en verso que publicó Rafael Porlán es el titulado Romances y canciones, no
aparecido hasta 1936 en Jaén. Es un libro perfectamente escrito, donde se aprecian una esencialidad que recuerda a
Salinas y una claridad y una exactitud que hacen pensar en Guillén. Bajo el verso puro y riguroso, late un andalucismo
hondo y reconocible. Porlán tenía un sentido muy entrañado y noble de lo andaluz.
Durante la guerra civil se retira a Cazorla. "Estoy muy mal de salud -escribía Rafael- y no tengo ganas de curarme...
Ahora no quiero más que sentirme dejado en paz..." Rafael Porlán muere en Jaén el 8 de agosto de 1945.
La razón de sus burlas e ironías no eran otra cosa que el desahogo civilizado ante la gran desilusión que le produce la
vida, postura propia del romanticismo. Y es que, como dijo el poeta:
"Ni salva de morir lo que se llora
ni siquiera lo
muerto permanece.
Sólo sigue de pie lo que se canta".