"El
río Guadalquivir
tiene las
barbas granates.
Los dos
ríos
de Granada,
uno llanto y
otro sangre.
" Federico García
Lorca.
ANDALUCIA ES UNO DE LOS
LUGARES
PRIVILEGIADOS EN LO
TELURICO
Y EN LO COSMICO
¿Qué cantan los poetas
andaluces de ahora?, podríamos
preguntarnos, al hilo del conocidísimo
verso de nuestro Rafael Alberti. Los poetas
andaluces cantan como siempre cantaron; esto es,
con gracia, con pasión, a veces con
dolor, siempre con
una personalidad poética que los
distingue del resto de los poetas españoles.
Todas las partes de Andalucía tienen
en común: su ser y su manera de
ser, su visión de
conjunto, el Sur como categoría estética, la mediterraneidad,
que culturalmente por lo menos,
aunque también podría decir geográficamente, llega
hasta más allá del estrecho,
hasta
el ancho océano por donde envía esos
efluvios de la más pura
esencia de Andalucía hacia el Nuevo Mundo.
Se
ha dicho hasta la saciedad que la obra de los
escritores meridionales constituye una escuela
cuyas características se definen por
un sentido alígero, lúdico, de la poesía,
un perfecto oficio retórico y un sentido de
la luminosidad al que
tal vez no sea ajeno el sol y
la alegre claridad andaluza. Sin
embargo, ante el panorama poético de
sentir andaluz, podemos observar distinciones
bien
claras, matices definidos que permitirían encontrar diferencias
fundamentales en la creación poética
de las distintas provincias y pueblos andaluces.
Andalucía ha tenido en este siglo
una actividad extraordinaria de sus poetas. Las
revistas de poesía se han sucedido
continuamente, conviviendo incluso en los mismos
pequeños pueblos dos o tres en franca y
limpia competencia. Paralelamente a estas
actividades editoriales han prosperado las
tertulias literarias con un importante
componente poético. Y es que hay muy
pocas regiones del mundo más y mejor
cantadas que Andalucía: sus ciudades, sus
pueblos, sus paisajes, y esa arteria de su
historia y su cultura que es el Guadalquivir. En
España no hay ninguna que lo haya sido, y
a millones de versos-luz de distancia, tampoco.
Porque Andalucía es uno de los lugares
privilegiados en lo telúrico y lo
cósmico -como Mesopotamia, como el valle
del Nilo, como Grecia-, cuyo carisma
histórico y estético sería
chato materialismo achacar a la existencia de un
río navegable y
el comercio que comporta.
Detrás de cada
revista o de cada tertulia no
es difícil encontrar el nombre
de
un poeta entusiasta que sacrifica por la
Poesía desde sus medios materiales
a sus posibilidades de tiempo y espacio.
Decididamente, al
poeta andaluz se le
puede apreciar un ejercicio testimonial solidario, consciente y
directo. Y, creo que muy
pocas poéticas hispánicas arrojan un sentimiento
tan alto de pueblo propio
y
antiguo, distinto y hermanado, como consciente de
una realidad andaluza de la
que saca su propia vida de grito.
De
entre las poéticas españolas, tal
vez sea la andaluza la que ofrezca más
armoniosos enamorados de su tierra, a la que
cantan y describen maravillados uno tras otro
sus poetas. Más, junto a esa
poética física, siempre
existió otra ocupada, pues hay en el
pueblo andaluz cómo un anhelo truncado
por un desencanto trágico; y en su
espíritu, un vago, impreciso deseo: una
ilusión de felicidad apenas confesada; un
ansia de eternidad jamás satisfecha.
Constante de insatisfacción -lo jondo, la
pena- fácilmente visible en su
poesía de siempre, y que hoy, más
que nunca, aparece concienzada de las realidades
que limitan tanto social como culturalmente
nuestra comunidad, y un decidido
propósito de contribuir a su desarrollo
integral. Hay conciencia y conocimiento de una
tierra colonizada, oprimida, pobre
en su opulencia, con estructuras caducas, pero
con personalidad propia hermanada solidariamente con el resto
de los pueblos de
España. Hay mucho "dolor de Sur", cualquier poeta
se siente y confiesa andaluz
dolorido, y es que los poetas
como los hombres toman conciencia
de
la situación socioeconómica de la región, y
del injusto puesto que ocupa
en el concierto de las regiones españolas.
Es
en esta línea en la que es fácil
advertir una constante poética, no
obstante, el dilatado tiempo y los diversos
estilos y modos. Trayectoria, en la que se puede
apreciar un desencanto mágico y
misterioso, contenido a la vez que desgarrado y
elegante
-lejano siempre a todo prosaísmo-, en el
que tendrían toda su entrada lo hondo y
la pena; junto a
ello, siempre, una armonía, un sentido sobrio del
gusto y la belleza con
tintineos sensuales, sin ocultar una íntima
satisfacción. En la poesía andaluza
hay
un fuerte arraigo a la tierra y
hay que pararse a distinguir
las voces vivas de los ecos inertes.
Aquí, en este inmenso Sur, donde la tierra
europea acaba cerrándose y
briéndose sobre el mar, los poetas no dejan
de dar vida sobre el
papel a los sentimientos de nuestro
pueblo. Allá, cuando nuestra juventud,
era
casi niñez, alguien nos dijo, y no
lo hemos olvidado "que a
los pueblos sólo los mueven los poetas".
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