"A ti, fingida realidad
del sueño
A ti, materia plástica palpable
A ti, mano pintor de la
Pintura."
Rafael Alberti.
PARA
VER PINTURA
- ¿Usted ha venido al Museo del
Prado a ver pintura?
- No señor, yo he venido para
ver visiones.
No sé si este diálogo que
inicia esta pregunta y su
sorprendente respuesta fue
escuchado por mí, en efecto, una
mañana
lluviosa, andando por las salas
del Museo del Prado, o mi
imaginación desdoblando mi
dialogar interior me tendió esa
trampa.
Si sé que este diálogo entre
invisibles personajes se
prolongó durante mi paseo
matinal por las salas del Museo.
- Qué se entiende por ver
visiones cuando miramos un lienzo
pintado por Goya o por
Velázquez, por el Greco, por
Tiziano...?
- Ver para creer en los lienzos
que tenemos ante los ojos. De
estos cuatro jinetes de la
apocalipsis pictórica que
estamos
contemplando; Tiziano,
Velázquez, Greco, Goya.
- "Poderosos
visionarios", que diría
Rubén.
- Los más "valientes
pintores", que diría Miguel
Angel.
- Decía que al Museo del Prado
vino usted para ver visiones...
- Justamente.
- Supongamos que usted quisiera
ahora, como yo le dije, "ver
pintura", como un
profesional o un aficionado, un
amateur... ¿A
qué pintor o pintores
visitaría?
- Mala cosa es esa del
profesional o aficionado o
amateur para ver pintura; sin
embargo, para complacerle y que
no crea que
eludo su pregunta, le
contestaré, que aquí, en este
Museo del Prado, para ver
pintura, la mejor pintura, sin
visión que la
comunique singularmente, voy ante
todo a mirar, a contemplar los
lienzos pasmosos de Murillo...
- ¿Murillo, dice usted?
- ¿Eso le extraña? De Murillo
-dijo Heine- que robó al cielo
los colores más santos, para
pintar sus vírgenes más bellas.
En
tiempos, era este pintor el más
admirado y exaltado de los
españoles...
- En tiempos románticos...
- Quiere usted decir durante todo
el siglo XIX...
- Exacto. Pero también en el
XVIII. Los españoles adoraban
esta pintura del gran sevillano.
Creo que el pueblo lo sigue
admirando y prefiriendo. Como en
poesía a Bécquer. Y creo que
esto se debía y se debe a su
sentimentalismo...
- Fea palabra dice usted, que
además en este caso, o en estos
casos de Murillo y de Bécquer,
tan intelectuales, me parece
evidentemente inexacta. Lo que a
mi juicio predomina en estos dos
artistas geniales es la
preocupación y cuidado de la
forma.
Y yo diría que una
"rima" o un cuento de
Bécquer está escrito con la
misma pureza de lenguaje que un
lienzo pintado por
Murillo.
- Dice usted...
- Que el milagro de la forma
expresiva se da en ellos con la
más extraordinaria calidad
poética o pictórica posible. El
lenguaje
de la pintura como el de la
poesía es encarnación viva,
misteriosa, milagrosa
encarnación natural y
sobrenatural de lo vivo.
- ¿De lo vivo a lo pintado?
- Verdaderamente
- Vamos a ver los lienzos
directamente.
- Sí. No dudo que estamos
contemplando gustosamente la
mejor pintura que puede verse.
Pero hay más. Hay otra suerte de
revelación que la tenemos con
aquellos otros "poderosos
visionarios" (Velázquez,
Greco, Tiziano, Goya). Una como
si
dijéramos , revelación callada,
más íntima y humilde, como
escondida...
- Más difícil de entender
probablemente...
- Pero no de sentir... Y esto ya
no es literatura.
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