"Piensa el sentimiento, siente el pensamiento;
que tus cantos tengan nidos en la tierra,
y que cuando en vuelo a los cielos suban
tras la nube no se pierdan."
Miguel de Unamuno.
EL POETA LO ES EN VERSO Y PROSA INDISTINTAMENTE
"Como un perfecto químico y como un alma santa", dice Baudelaire que debe actuar el poeta. Para Poe el poeta es un "jardinero paisajista". La invención poética se la figura el autor de El Cuervo como un paisaje cuidadosamente cultivado. Como a Cervantes sus novelas. Lo que en el paisaje pone la labor de jardinería es algo finamente espiritual. Un alma santa o santificada, un químico o alquimista del lenguaje es el poeta, según Baudelaire; pero también un jardinero que al lenguaje, como a la naturaleza vegetal encauza y dibuja en perspectiva de paisaje vivo, de estado de alma.
Estas dos definiciones del poeta y de la poesía tienen resonancia romántica. El poeta de Las flores del mal se aparece a nuestros ojos como un monje que, en su celda, trabaja, elabora químicamente, extraños, sutiles, ingredientes misteriosos, cuyo resultado es el poema. El profundo narrador imaginativo de Una revelación magnética o El escarabajo de oro combina semillas rarísimas, cultiva en un vivero vegetal sorprendentes injertos y traza, dibujándolo sobre la tierra un cauce vivo de arboledas y fuentes, a los riachuelos y estanques, a los arbustos y a las flores, componiendo, inventando, como un paisaje, una poesía recreada, o de creación, invención, creciente.
Esta alquimia, esta química elaboración poética elemental, imitativamente creadora, ¿convierte el barro, la tierra, en oro de la poesía? "Algo que es tierra en nuestra carne siente -escribe Machado- la humedad del jardín como un halago".
En su Principio de la poesía, en su Eureka, Poe nos habla de jardinería espiritual, de ese paisaje del alma, que es la poesía. Un concepto puro o depurado de la poesía, del fenómeno poético como tal, lo mismo en Baudelaire que en Poe, se nos afirma radicalmente. La poesía es algo leve, breve, rarísimo, que se manifiesta en el relampagueo fugitivo, con estremecimiento rápido, fugaz. Esta idea de lo poético responde a lo que los románticos (Leopardi sobre todo) denominaron lirismo. Los románticos daban a la música suprema alcurnia espiritual. La poesía es canto y hasta el pensamiento cuando es más profundo -dice el romántico Carlyle- canta; con lo que se identifica con la poesía, se hace pensamiento poético. Los sentimientos -nos dirá Unamuno- "son pensamientos en conmoción", pensamientos estremecidos, temblorosos. De este temblor, de ese estremecimiento, se hace lírica, melodiosa, la dicción poética.
Los poetas líricos mejores fueron estupendos prosistas. O al contrario. El poeta lo es en verso y prosa indistintamente. El prosaísmo es una planta parasitaria de la poesía cuando se injerta en ella o la abraza y ahoga como una mala hierba trepadora. Porque hay prosa y prosa. Y acaso sea justamente el ritmo -como certeramente vio Menéndez y Pelayo a propósito de nuestra prosa renacentista-, el acento lírico, el determinante fronterizo de su separación.
La poesía se dice y hasta define, de ese modo, en verso y prosa. como, por definición misma, antiprosaica. Cuando el poeta rompe la rima y el acento traspasa tal vez sin saberlo la frontera de la prosa poética. Y una colocación tipográfica no es bastante para sostener la diferencia.
A su formula definitoria versificada de la poesía como "palabra en el tiempo", añade Machado como formulación completa, al decirla en prosa, el sustancioso calificativo de "esencial": "poesía, palabra esencial en el tiempo".
Volviendo a Baudelaire y a Poe diríamos que toda la poesía moderna tuvo por poesía lírica a esa forma o fenómeno poético por ellos designado y practicado como poesía "esencial". Hasta el surrealismo. En su admirable prologuillo a la Primera antología de la poesía del pasado, que nos dejó Paul Eluard, poco antes de morir, casi como un testamento poético, nos habla de la poesía como de "un lenguaje universal de la inocencia y de la razón desmesurada que es el del hombre a quien repugna el prosaísmo". Anteriormente nuestro Unamuno nos recordaría en su "Credo poético": "el lenguaje es ante todo pensamiento, / y es pensada su belleza".
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