|

Por Francisco Arias Solís (pazylibertad@arrakis.es) (31/10/99)
RAFAEL ALBERTI
(EL PUERTO DE SANTA MARIA, 1902-EL PUERTO DE SANTA MARIA,
1999)
"¡Sal, hortelana, del mar,
flotando, sobre tu huerto,
desnuda para llorar
por el marinero muerto!"
Rafael Alberti.
|
LA VOZ MARINERA
|
"Nací a la sombra de las barcas de la Bahía de Cádiz
-nos contaba Rafael- , cuando -1902- las gentes
campesinas de toda Andalucía se agitaban, hambrientas.
Los primeros blancos que aclararon mis ojos fueron los de
la sal de las salinas, las velas y las alas tendidas de
las gaviotas".
Es tan clara y simple la melodía de este mar -claro mar
de Alberti- que difícilmente pudiera avenirse con la
elocuencia de los grandes mitos. En el mar de Alberti se
juega a sirenas y a marinerillos. También se juega a
piratas, con naves corsarias y todo. Valerosa expedición
esta que cruza el mar a todo vapor, a todo color, a todo
rumor.
Rafael Alberti, último mito viviente de la Generación
del 27, murió en la madrugada del 28 de octubre de 1999
en su casa Ora Marítima de El Puerto de Santa María.
Tenía 96 años. Poeta jondo, dramaturgo comprometido,
pintor sensible y hombre de paz, la voz de Alberti ha
sonado con potencia enorme por todos los mares a lo largo
de este siglo. Sus cenizas fueron esparcidas en la Bahía
de Cádiz, el mar de su infancia.
El poeta gaditano, andaluz y universal Rafael Alberti
nació el 16 de diciembre de 1902 en El Puerto de Santa
María. En 1913, Alberti ingresaba en el Colegio de San
Luis Gonzaga, regentado por los jesuitas. Empezó por
entonces a despertarse en el joven Rafael la vocación de
pintor. En mayo de 1917, la familia Alberti decide
trasladarse a Madrid. Alberti pasa muchas horas en el
Museo del Prado estudiando y observando a los copistas.
Su vuelta al Mediterráneo, le recuerda su niñez atlántica;
Málaga va a constituir un sustituto de los días pasados
junto al otro mar.
Alberti escribe su primer poema la noche en que su padre
muere en 1920. Es en 1923, recién estrenada la dictadura
del general Primo de Rivera cuando nuestro poeta comienza
a trabajar en los primeros poemas de lo que luego será
su primer libro Marinero en tierra, lleno de versos
"que iba sacándome de mis nostalgias del mar de Cádiz,
de sus esteros, sus barcos y sus salinas..." Estos
poemas, escritos a la sombra de Gil Vicente y de los
cancioneros musicales de los siglos XV y XVI, los escribe
en la sierra de Guadarrama donde se encuentra
descansando, víctima de una enfermedad de pulmón. Los días
que baja a Madrid los pasa con sus nuevos amigos de la
Residencia de Estudiantes de la Institución Libre de
Enseñanza: García Lorca, Salvador Dalí, Luis Buñuel y
Moreno Villa. También entra en relación por aquellos días
con Jorge Guillén, Vicente Aleixandre, Gerardo Diego y
Pedro Salinas.
En 1925 aparece Marinero en tierra que pocos meses antes
ha dado a su autor, al alimón con Gerardo Diego, el
Premio Nacional de Literatura. Traba conocimiento con su
admirado Juan Ramón Jiménez, quien comienza a
aconsejarle y establece amistad con José Bergamín.
El claro mar de Alberti tiene también su marina,
traspasada de inequívoca luz andaluza. "El
marinerito de mi carta de 1925 creció muy pronto -nos
dijo Juan Ramón Jiménez-. Su marinera preciosa de mis
calles del mar se la quedó tan en hilo, que al poeta le
daba vergüenza salir a la calle de Madrid con tanta
carne fuera (...). Rafael Alberti le va a decir a lo
mirado una gran cosa del tamaño por lo menos del mar de
Cádiz, el más bello mar, para mí, del mundo, el golfo
más rico de poesía sudoeste que yo conozco".
Entre Marinero en tierra y los primeros poemas de la
guerra civil española. Alberti crea una obra que le
asegura un puesto notable en la lírica española. En la
misma línea de su primer libro están La amante y El
alba de alhelí. Con motivo del tercer centenario de la
muerte de Góngora (1927) escribe la prodigiosa
arquitectura de Cal y canto. Sobre los ángeles, es uno
de los hitos fundamentales en la lírica española
moderna, y supone una doble ruptura: de forma, en su
tendencia hacia el simbolismo, y
de fondo, por la aparición de un cultivo más intenso de
la intimidad.
Su compromiso político se produce al final de los años
veinte, y en 1933, siendo ya miembro del partido
comunista, funda con María Teresa León, la compañera
de su vida, la revista revolucionaria Octubre; a partir
de ese momento su postura se hace cada vez más
comprometida con el Frente Popular, posición que se
acentúa, una vez estallada la guerra civil, como
secretario de la Alianza de Escritores Antifascistas. Son
características a este respecto, Capital de la gloria y
El poeta en la calle. Rafael Alberti, el indiscutible
iniciador de la poesía revolucionaria en España, tiene
sobre Emilio Prados -que tal vez cronológicamente se le
adelanta en alguna composición- la ventaja de haberse
convertido desde el primer momento en jefe visible de
esta nueva orientación de las letras. Alberti está
convencido de consagrar su inspiración a una causa
noble. El compromiso con la sociedad es llevado a cabo
con todas sus consecuencias a pesar de las reacciones que
llega a provocar. Esta "poesía de urgencia" ha
invertido el ideal lírico de años atrás. La ética por
encima de la estética.
En 1939 llegó ese día sin alba. Una avioneta llevó a
Alberti y a María Teresa a Orán. Luego; París, Buenos
Aires, Roma... Viajero universal. Alberti se convirtió
en uno de los símbolos más representativos de la otra
España.
Con posterioridad a la guerra publica un buen número de
libros que han acrecentado su reputación como uno de los
más importantes poetas contemporáneos. Son de destacar:
Entre el clavel y la espada, Coplas de Juan Panadero, A
la pintura, Retornos de lo vivo lejano, Ora marítima,
Roma, peligro para caminantes, Los ocho nombres de
Picasso... De su producción teatral merecen citarse los
siguientes títulos: Fermín Galán, El hombre
deshabitado, El adefesio, para muchos su pieza teatral más
lograda, y Noche en el Museo del Prado. Es asimismo autor
de una serie de semblanzas de escritores reunidas en
Imagen primera de..., y de las memorias recogidas en La
arboleda perdida. La antología Sólo la mar (1994),
ilustrada por el autor y preparada por María Asunción
Mateo, recoge los temas fundamentales de la poética
albertiana: el amor, el exilio, la libertad, la mitología
y el mar.
Tuvo que esperar la muerte de Franco y aún tardó en
volver. El 27 de abril de 1977 llegó a Barajas con María
Teresa y su hija. El canto de La Internacional le
humedeció los ojos. "Me fui de España con el puño
cerrado y vuelvo con la mano abierta en señal de
concordia". Aceptó ser candidato al Congreso por el
partido comunista.. También tuvo el reconocimiento
absoluto en su país: Premio Nacional de Teatro (1981),
Cervantes (1983) y Premio Andalucía de las Letras
(1993).
"Su poesía tiene -decía Pablo Neruda- un aroma
enlutado de Gustavo Adolfo Bécquer". Alberti sacó
de Andalucía el escandinavismo de Bécquer y el
lunatismo de Juan Ramón. Pero también sacó el surismo
espléndido de litoral: la sensibilidad exacta de la
mejor Andalucía; de Andalucía atemporal e inesperada.
Hay en la poesía de Rafael Alberti -limpieza, pureza-
segura, firme, dura, duradera: de cal y canto. Sus ángeles
-o su ángel andaluz- le construyeron esta pared
andaluza. De cal y canto, la poesía de Alberti se alza y
se afirma, vertical, pisando tierra, mirando al mar,
entre dos cielos. Parte y define la luz misma como el
muro encalado de un patio en la casa andaluza de tradición
romana. Cádiz, los puertos, Bécquer y, además, el
llamarse Alberti. Y en consecuencia, ¡a qué distancia
de todo el romanticismo o costumbrismo, sucio-pintoresco!
La poesía de Rafael Alberti con sus resonancias (Italia,
renacimiento, cancioneros, idealismo, andaluz...) es ante
todo, como El Puerto de Santa María, como Cádiz,
limpieza, belleza, pulcritud. En Andalucía antes de
saber lo que es bello, se sabe lo que es limpio. Y todo
es -lo que es- limpio o bello: pulcro.
El juego, limpio, de torear -nacido en Ronda y Cádiz,
renacido en Chiclana- tiene su imperativo estético y
moral en la pulcritud (limpieza, belleza). El torero
luminoso con el toro sombrío, por la suerte, establecen
ese principio de limpieza que condiciona el juego (su
moral, su belleza): perfección de razonamiento matemático,
identificación del espacio real y el geométrico; la
exactitud hasta la crueldad. Esa suma de exactitudes, de
claridad, de nitidez, crueles, es andaluza típica
-característica de la obra y, sobre todo, de la
personalidad poética de Rafael Alberti, como de otros
tres andaluces universales: Lorca, Falla y Picasso.
El canto poético de Alberti empezaba por ser canción,
por ser canto rodado en el ímpetu de la corriente lírica,
hasta hacerse más plano cada vez, más pleno; hasta
ahondarse más, limpio y liso, lisa y llanamente: más
llano, más simple, más puro, en el sentir, fluir poético
del pensamiento. La poesía de Alberti ha sumado
tradiciones y se ha parado en seco de pronto. Así Rafael
Alberti hizo su poesía: porque le dio y como le dio la
realísima gana. Del modo más perfecto, o del único
modo perfecto: el poético puro. La poesía de Alberti
adquiere, de este modo, sitio excepcional y distinto en
la lengua española. De tal modo la voz marinera de
Alberti ha logrado una poesía la mar de clara. Y aquel
marinero en tierra se fue al mar. Y como dijo el poeta:
"Ya está flotando el cuerpo de la aurora / en la
bandeja azul del océano". |
|